Hacía frío, caminaba por la tormenta, el invierno es más
cruel cada vez, sólo era cuestión de unos cuantos pasos y su trajín terminaría;
en realidad, todo daba vuelta a su vida, un pirata cualquiera, o al menos de
eso lo culpaban; entre los cargos: robo, asesinato, violaciones y un sinfín de fechorías;
en los hechos; un joven injustamente castigado.
Durante el verano, el teniente Camarena comenzó a
adjudicarse riquezas de manera ilícita, la corrupción dominaba en su gobierno;
Manuel, uno de sus hombres y el de mayor confianza había mantenido una política
personal de mantenerse siempre al margen a pesar de no congeniar con el actuar
del Teniente.
Cada mañana, Manuel lustraba sus botas, preparaba a partir
para realizar sus menesteres, no podía llegar tarde, pues el teniente había depositado
una gran confianza en su persona; manejaba grandes cantidades de dinero, en
realidad nunca le había parecido justo la forma en que su superior lo había
conseguido, pero bueno, al fin él es el jefe.
-¡Una auditoria! Gritó el teniente al enterarse de los
objetivos del nuevo gobernador, al parecer, su actuar había llegado hasta las
esferas más altas. Aquella noche Manuel fue condenado a muerte, el teniente lo
acusaba de robo a su persona, de defraudar su confianza, desviar recursos e
incluso le sembraron una violación y testigos de un asesinato.
Manuel murió a las a las tres de la tarde en la horca. El
teniente hoy sigue gobernando.
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