3 de enero de 2014

El teniente

Hacía frío, caminaba por la tormenta, el invierno es más cruel cada vez, sólo era cuestión de unos cuantos pasos y su trajín terminaría; en realidad, todo daba vuelta a su vida, un pirata cualquiera, o al menos de eso lo culpaban; entre los cargos: robo, asesinato, violaciones y un sinfín de fechorías; en los hechos; un joven injustamente castigado.

Durante el verano, el teniente Camarena comenzó a adjudicarse riquezas de manera ilícita, la corrupción dominaba en su gobierno; Manuel, uno de sus hombres y el de mayor confianza había mantenido una política personal de mantenerse siempre al margen a pesar de no congeniar con el actuar del Teniente.

Cada mañana, Manuel lustraba sus botas, preparaba a partir para realizar sus menesteres, no podía llegar tarde, pues el teniente había depositado una gran confianza en su persona; manejaba grandes cantidades de dinero, en realidad nunca le había parecido justo la forma en que su superior lo había conseguido, pero bueno, al fin él es el jefe.

-¡Una auditoria! Gritó el teniente al enterarse de los objetivos del nuevo gobernador, al parecer, su actuar había llegado hasta las esferas más altas. Aquella noche Manuel fue condenado a muerte, el teniente lo acusaba de robo a su persona, de defraudar su confianza, desviar recursos e incluso le sembraron una violación y testigos de un asesinato.


Manuel murió a las a las tres de la tarde en la horca. El teniente hoy sigue gobernando.

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