Despertar
Aquella
mañana desperté, las penumbras me envolvían, el caminar se hacía lento, el aire
era pesado, no entendía el lugar donde me encontraba, a lo lejos observe un
pasillo enorme, sus frías paredes se alzaban a lo lejos tal como el atardecer
se aleja de los desvalidos, el miedo me envolvía, aquella virgen de navidad me
había llevado a tan temible lugar.
Camino
a cada instante, el espacio es obscuro, no identifico formas, cada paso retumba
en los oídos de los no presentes, mi respiración se torna lenta, nada ocurre,
sólo mi respiración.
Entonces
ocurre; el silencio estremece la eterna nada, cada instante es más sofocante,
enfrente una escalera, un cuadrado caracoleado; adornado por un trío de
estrellas que la enmarcan, la sensación de desolación me acompaña.
Tomo
valor, continuó mis menesteres; las almas de aquellos hombres de origen
Guatemalteco me susurran, no identifico nada, continuo mi andar… sólo yo.
No
entiendo los momentos que nos ofrece la vida, un día risas, uno más simplemente
lágrimas, sol y lluvia, la dicotomía del ser humano, siempre avanzar, los
escalones me llevan al infierno, las puertas de cristal me señalan el camino,
el rojo se cuela por el techo de la sala, ya es tarde.
Un
nuevo recoveco, sigue la obscuridad, la angustia me aleja, no entiendo el
andar, una falta de obscuridad nace a lo lejos, corro, mis pulsaciones crecen,
una nueva puerta, dos caminos.
A la
derecha una rama con un abrazador musgo, el olor a tinta llama mi atención,
viro a la derecha, pequeños focos tintinean, la gravedad me sobrepasa, un
pequeño cuarto, vacío.
Una
mesa al centro, los floreros reaparecen, una ventana cuadrangular, otra
rectangular, identifico una palmada del arcángel con cuatro agradables dedos…
Volví
a despertar, nunca antes desee tanto permanecer dormido.
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