12 de agosto de 2013

Cosa de arácnidos.

Una nueva historia, un texto dedicado a una muy buena amiga a la que le gustan las arañas grandes.

Nada era como ella lo recordaba, estaba sola, ese sentimiento al que todos estamos expuestos y que muy pocos son capaces de enfrentar, las tinieblas envolvían su mente, realmente no comprendía el accionar de su persona.

 En aquel momento puso un pie dentro de aquella temible casa.

La leyenda ya la había oído ella en diversas ocasiones, cada una era más exagerada que la anterior, desde un asesinato a mano armada, violaciones, desapariciones sin explicación alguna; lo que toda vieja casona debe tener para penetrar el temor en lo más profundo de los huesos, sin embargo, ella no temía, o al menos su mente expresaba eso, pues sus largas piernas mostraban el tintineo que reflejaba aquel temor a lo desconocido.

La tinieblas envolvían su cuerpo, no lograba visualiza, pero ¿por qué lo hacía?, simplemente por el placer de enfrentarse a todo aquello a lo que los demás temen. Valiente, tonta; fueron algunos de los adjetivos que los habitantes mantenían en su imaginario; ninguna de ellas.
Era la oportunidad de enfrentarse a ella misma, a sus temores, había pasado ya todo un año desde que decidió luchar contra aquella casa vieja, en la puerta con el número 61.

Ya era la hora, la Luna se encontraba en su máximo apogeo, nada podía postergarse, la lucha había comenzado.

La presión aumentaba, la sangre recorría el cuerpo, se sentía el dolor, los hematomas comenzaban a salir, la sangre dejaba una marca en el suelo, la maldición de aquel viejo lugar estaba llegando, pero no se dejaría vencer, no había luchado tanto para simplemente ir a otro lado, de pronto volteo, era una tarántula de gran tamaño la que comenzaba a atacarla, ¿por qué nadie habría visto una especie tan llamativa?

Al verla a sus diversos ojos logró ver dolor, miedo, mucha gente había ido a visitar aquel lugar para enfrentarse a lo desconocido, con la mano ensangrentada tomó una de sus patas, la batalla terminó.

Con su cuerpo herido, se encaminó a la salida junto al arácnido, al pasar junto al espejo sólo la chica logró verse, desde entonces  no se ha habido otro ataque en la vieja casona del 61.

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